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Gaia y el cambio climático
Por Dra. Gabriella Bianco
Expreso | 16.07.2006

 


Todos tenemos miedo a una catástrofe nuclear, que ninguna explicación sensata logra disipar. En estos últimos años se habla mucho del cambio climático.

El científico británico James Lovelock, en su ultimo libro “The Revenge of Gaia”, La venganza de Gaia, sostiene que sólo la fi sión nuclear puede evitar los efectos del calentamiento global y ya que necesitamos fuentes de energía libres de emisiones en forma urgente, para él, no hay alternativas serias a la fisión nuclear. No obstante la existencia de energía solar y turbinas eólicas, a menos que se haga un cambio drástico de forma de vida, tendremos que seguir usando energía de combustible fósil durante varias décadas.

El 30% de nuestra energía se utiliza hoy en el transporte y es poco probable que las emisiones de dióxido de carbono de autos, trenes y aviones disminuyan. ¿Cómo podemos entonces superar el temor a la energía nuclear y a sus consecuencias? Una estimación de la seguridad comparativa de las distintas fuentes de energía es la del informe de 2001 del Instituto Paul Scherrer de Suiza, que determinó que la energía nuclear es la más segura de las grandes fuentes de energía.

La investigación Suiza indica que ésta es 40 veces más segura que la energía producto de la combustión de carbón o petróleo y hasta más segura que la hidroelectricidad renovable, pero seguimos pensando que el uso de energía de uranio en un reactor nuclear es más peligrosa que la combustión de combustible de carbón en el oxígeno del aire.
Otra idea falsa - sostiene James Lovelock- es que la reserva mundial de uranio es tan pequeña que su duración en energía sólo duraría unos pocos años. En realidad, hay una superabundancia de mineral de uranio de baja concentración. De hecho, la mayor parte del granito contiene sufi ciente uranio como para que su capacidad combustible sea cinco veces superior a una masa igual de carbón.

Tenemos energía nuclear -insiste Lovelock– y deberíamos aprovecharla. Las demás alternativas, como la energía de fusión, exigen décadas de desarrollo antes de que se las puedan emplear para reducir las emisiones tóxicas de manera significativa. Las fuentes renovables significan un aumento de energía libre de emisiones, sobre todo en la energía eólica, pero en una proporción muy reducida comparada con la energía nuclear.

La energía nuclear no es una panacea, sino parte esencial del espectro de fuentes de energía. Ya que el tiempo juega un rol determinante, Lovelock sugiere explotar por ahora la energía de fi sión, con miras a un futuro en que pueda ser reemplazada por energía limpia de otras fuentes, que permitan adoptar una vía segura respecto de la emisión de dióxido de carbono.

El cambio climático es inevitable. A mediados del siglo, el casquete polar ártico habrá desaparecido; a fines de siglo, también las selvas habrán desaparecido y las reemplazarán desiertos. La temperatura de la tierra aumentará ocho grados y es probable que se mantenga en ese nivel durante otros 200 mil años.

Estamos en lucha con el planeta y hay que lograr la paz, mientras nos queden fuerzas. Kyoto no es que un intento de ganar tiempo, antes que empiece la verdadera lucha.

La tierra y la vida que en ella se ha desarrollado, constituyen una sola forma de vida, que se mantuvo por más de tres mil millones de años;
sin embargo, pensar que se puede regir el planeta es absurdo.

Cuando el cambio climático se agrave, habrá emoción, pero nunca pensemos que no haya esperanza. Lo que necesitamos y necesitaremos es liderazgo y responsabilidad.

Mientras tanto, el barómetro sigue subiendo y advierte sobre el inminente peligro de una crisis climática de una gravedad que la tierra no experimenta desde hace 55 millones de años.

¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que tomemos conciencia que el tiempo pasa y que las perspectivas son sombrías?

Tenemos conciencia de que nuestros miedos, por irracionales que sean, nos tienen que empujar a darnos cuenta que vivimos en un tiempo de espera y que la mayor parte de las formas de vida de Gaia y la historia de las extinciones masivas sugieren que la vida de todo lo que es más grande que una bacteria, siempre será precaria.

Gaia tiene un costado destructivo –afirma Lovelock. En una crisis como la del calentamiento global, hay que hacer lo necesario para sobrevivir.

Sin embargo la esperanza que podemos salvar a la humanidad, es un interrogante dramático, ya que el cambio climático parece inevitable. Sólo podemos, frente a la catástrofe, tomar conciencia y empezar a aplicar el tratado de Kyoto con sentido de responsabilidad y concientizar a aquellos países que no entienden que estamos en el mismo mundo y compartimos la misma responsabilidad hacia la tierra y hacia el destino de la humanidad.

Directora de Emprendimiento y Relaciones Internacionales de la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin.
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