Educación proviene del latín educere, que significa “sacar lo que se tiene dentro”. Entonces educación es algo más que adquirir conocimientos; es que los conocimientos salgan desde adentro.
Narración proviene de narrare, que significa “arrastrar hacia delante”, y de gnarus, que es “el que sabe” y “el que ha visto”. La narración es la representación de lo que se ha visto. La relación educación-narración abre nuevas fronteras de la ciencia pedagógica.
La educación en un sentido interno es una narración donde el aprender es un “narrarse” y la narración es un “aprenderse”. La narración es una triple identidad: corporal, mental y amorosa.
Narrarse es ser uno con el cuerpo, la mente y el corazón.
Aprender es un proceso de apropiarse por uno mismo del conocimiento y dar a luz nuestro propio conocimiento.
Así que la verdadera educación es un nacer de uno mismo, observándose y amándose.
La nueva educación de frontera precisa de nuevos estados de autoconocimiento y emprendimiento a partir del desarrollo de capacidades amorosas y conciencia. Para Joan Carles Mèlich, “el sujeto se está deformando hasta el punto de desaparecer”.
Vivimos el ocaso del sujeto consciente y emprendedor de nuevas vías.
El hecho es que sin narrarse y sin aprenderse en relación con los otros de muy poco sirve la escuela. La enseñanza como una serie de “transmisiones” y el aprendizaje como una serie de “repeticiones” anulan toda posibilidad de verdadera educación.
Pensar desde el “mundo interpretado” es un “no pensarse a sí mismo” y “no autoemprenderse” en el mundo real. La escuela desde esta perspectiva forma sujetos no-pensantes y no-emprendedores de su propia vía.
La escuela tradicional habla por el sujeto que ha perdido su propia voz y piensa por el sujeto que ha perdido su propio pensamiento. El ser humano requiere su propia voz-pensamiento para emprender cualquier camino que tenga sentido. La educación no-narrada es la negación de toda búsqueda propia. La esencia de una educación de frontera es atreverse a llegar a la otra orilla.
La educación narrada es un proceso de autodespertarse y descubrirse a sí mismo en relación con todo el contexto que nos rodea, conscientes de las partes que nos enajenan y conscientes de las partes que nos liberan.
Autonarrarse es emprender la vía de la autoconciencia de la autoliberación. Nacemos y crecemos desde nuestras historias narrativas, que son acciones de autoemprendimiento.
Morimos cuando no nos atrevemos a cruzar la otra orilla.
El saber es distinto del conocer. Los saberes nos dan la oportunidad de aprender con el cuerpo, con las emociones o con el espíritu. Cada cosa produce una narración, al igual que una persona, y se convierte en una cantera inagotable de saberes. La piedra que duerme bajo la sombra de un mezquite nos remite a saberes de tranquilidad, sencillez y agradecimiento. Toda la vida es en esencia una historia de saberes narrados esparcidos por el viento.
La nueva educación precisa de construir un nuevo ser-poético, creador del mundo nuevo y creador de sí mismo. Un ser-artístico que haga del caos un orden-belleza y de una nada un todo-armonioso de amor y sabiduría, donde trascienda lo que tenga que trascender.
Doctor y maestro en Educación e investigador.
Multiversidad Mundo Real Edgar Morin
erobles@multiversidadreal.org
www.multiversidadreal.org