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Emprendimiento en la educación.
Por Fernando Godoy Molina
Expreso| 24.09.2006

 



Cuando se publican las estadísticas, relacionadas con el porcentaje de estudiantes egresados de las diferentes instituciones de educación superior, que no logran conseguir un empleo digno, no podemos sino preocuparnos, dado el número de profesionistas sin empleo o subempleados, haciendo labores que cualquier persona con menos estudios puede realizar o empleados en áreas totalmente ajenas a su formación académica.

Esta situación no es nueva en nuestro país y se incrementa año con año.

Se debe a múltiples factores, algunos de los cuales no están al alcance de las universidades resolver, tales como, las variaciones impredecibles de la economía, la quiebra de empresas, la falta de inversión pública o privada en nuevas áreas de la producción o la poca visión de ciertos empresarios para impulsar sus empresas a nivel nacional, etc. A pesar de lo anterior, las universidades pueden tomar medidas que coadyuven a la resolución de esta problemática.

La primera acción a realizar -de hecho se hace en varias instituciones universitarias- es la planeación académica. Para ello, la institución educativa hace estudios encaminados a conocer la prospectiva, a mediano y largo plazo, de las necesidades sociales de las diferentes áreas de la producción, privada y pública, o si no tiene el personal capacitado para tales estudios contrata empresas especializadas, lo importante es delimitar esta información y planear en consecuencia el tipo y número de profesionistas a formar; no obstante, con todo y los esfuerzos de planeación, el problema no se reduce y si se agrava.

Hay otra línea de acción al alcance de las universidades y que tiene mayores posibilidades para coadyuvar en la solución de este problema; se trata de incluir, en la currícula de las carreras universitarias, actividades académicas enfocadas a formar “emprendedores”, no sólo profesionistas con alta formación teórica, cuya opción sea la de emplearse en un mercado cada vez más competido y cruel, aceptando, por necesidad, condiciones de trabajo, en ocasiones humillantes, demeritando con ello la calidad del ejercicio profesional y acumulando un creciente sentimiento de frustración y de falta de autoestima.

La idea de “ser emprendedor” no necesariamente está vinculada con la de “ser empresario” para construir una empresa lucrativa, lo cual no está mal. No, la idea de “ser emprendedor” está más ligada con el emprendimiento; esto es, con actitudes proactivas, factibles de aprender, a partir de las cuales el profesionista es capaz de prever dificultades y obstáculos, que dificultan el logro de su meta y enfrentarlas para superarlas. Tiene que ver con la incertidumbre, implicada en cualquier emprendimiento, que reta continuamente al emprendedor.

El emprendedor también requiere habilidades para imaginar y llevar a cabo soluciones creativas ante los problemas; asimismo, le exige los conocimientos aplicables al logro de su emprendimiento, pero lo más importante es la actitud apropiada para empujar y perseverar en el logro de los objetivos planteados.

Ser emprendedor significa asumir retos que, lejos de detener al emprendedor o emprendedora, le estimula a seguir adelante, firme en la consecución de sus objetivos y metas, siempre alerta ante las dificultades propias y del entorno. Estas cualidades no se enseñan en los libros; claro, ayuda tener conocimientos relacionados con el pensamiento de quienes son ejemplo de vida como emprendedores; sin embargo, si la institución educativa se lo propone, puede generar los escenarios de aprendizaje propicios para que el alumno, con el apoyo de sus docentes, descubra y desarrollo su potencial en el área del emprendimiento y lo cristalice en proyectos viables.

Asumirse como emprendedor significa un alto nivel de conciencia social y ética. La historia da cuenta de una gran cantidad de emprendedores cuyo éxito está cimentado en el dolor ajeno y en antivalores que degradan la condición humana. Un emprendedor exitoso privilegia los efectos sociales benéficos de sus acciones, por encima de sus intereses personales; lo mismo en el campo de la política, del servicio público, como en el campo de los negocios o del bienestar social, de otra manera el emprendimiento se pervierte y degrada.

El emprendimiento es un esfuerzo volitivo, no podría ser diferente, necesariamente surge de un “yo quiero”; esto nace del “hambre” por realizar un deseo, un impulso de logro, una necesidad, un sueño, un proyecto innovador y de beneficio social. Es la voluntad, el motor que echa a andar los recursos del emprendedor o emprendedora, que le permite impulsar encontrar las “herramientas” requeridas para el logro de sus objetivos y metas, gracias a su voluntad logra el apoyo humano necesario y despliega la tenacidad, la osadía, el atrevimiento de pensar en grande y convencerse de que es posible llevar a cabo su idea.

En suma, ser emprendedor es asumirse como un líder capaz, efectivo, creativo y sensible ante las carencias humanas, comprometido con los valores universales, conciente de su función, responsable ante los retos que acepta y ejemplo de honestidad.

Formar líderes debería ser el gran objetivo de las instituciones de educación superior y en general de todo el sistema educativo; solamente con ciudadanos y profesionistas con alto sentido de su función emprendedora ante la sociedad es que nuestro país logrará el desarrollo que todos deseamos.

Todos los grandes acontecimientos sociales son producto de la actuación de emprendedores.

Psicólogo, mediador y docente guía acompañante de la Multiversidad Mundo Real.

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