“Como en el estado natural todos los hombres son iguales, su común vocación es el estado de hombre; y aquel que para éste hubiere sido bien criado, no puede desempeñar mal los que con él tengan conexión. Poco me importa que destinen a mi alumno para la tropa, para la iglesia, o para el foro; que antes de la vocación de sus padres, le llamó la naturaleza a la vida humana. El oficio que enseñarle quiero, es vivir.”
Hace aproximadamente trescientos años, el ilustre pensador y educador Juan Jacobo Rousseau escribió este pensamiento en el libro primero de su obra “
Emilio”; secundado, en su tiempo, por pensamientos concurrentes de otros grandes filósofos, científicos y educadores como: Blaise Pascal que nos legó la certeza de que no es posible conocer las partes, si no se es permitido relacionarla con el todo; del gran Leonardo Davinci, quien nos legó la genialidad y la importancia de la aplicación de una inteligencia general, antes que la especialización, en la concepción y atención de los problemas de la vida, del impulso de la imaginación y la creatividad y, el filósofo y educador Michel Eyquem de la Montaigne, quien nos advirtió sobre la importancia de formar una mente bien ordenada, antes que preocuparnos por propiciar una cabeza repleta de datos descontextualizados, poco o nada pertinentes para la formación de quien los posee.
Pensemos que la grandeza de estos pensadores, proviene de una generación que surgió, cual Ave Fénix, del centro del oscurantismo que construyó y prolongó, por siglos, la Edad Media que sumergió a la humanidad en un largo período de letargo, sustentado éste en los cimientos del dogma, la ignorancia y la violencia contra el libre pensamiento y la búsqueda de la verdad; luego, entonces, estos grandes pensadores fueron producto de un proceso de autodidactismo que se dio al margen y a pesar del sistema social de su época; fueron la antorcha que iluminó el advenimiento de una nueva y floreciente época:
el renacimiento.
Lo anterior conviene religarlo con el pensamiento, muy de actualidad, del gran filósofo J. Krishnamurti, quien cuando habla a los padres de familia, a los estudiantes y los docentes sobre la correcta educación para el siglo XXI, expresa: “
Por qué pasamos por el esfuerzo de recibir educación? ¿Es meramente con el fin de aprobar algunos exámenes y obtener un empleo?¿O la educación tiene como función prepararnos, mientras somos jóvenes, para comprender el proceso total de la vida?
Ambas reflexiones, la de Rousseau y la de Krishnamurti , nos alertan sobre la importancia de una educación para enseñar a vivir, no para subsistir, toca ahora a nuestra generación reflexionar si, en el transcurrir del tiempo, hemos ido construyendo sobre la sabiduría que nos ha legado la humanidad en su largo transitar o si, por el contrario, en el propósito y el destino de la educación, hemos tomado derroteros distintos, cuyos resultados habría que valorar a la luz de las circunstancias que prevalecen en nuestro entorno.
Como educador creo que enseñar a vivir, es una misión espiritual inabdicable de la educación de nuestro tiempo; considero que enseñar a ser persona, hombre o mujer, en su justa dimensión, debe ser el centro de interés en el proceso de los diferentes niveles y modalidades educativas; para el presente y para el futuro, creo que enseñar a vivir, lleva consigo:
El interés de gobierno,
padres de familia y sociedad, por reorientar el rumbo de la educación hacia aspectos formativos más que informativos, bajo el convencimiento de que, más puede una inteligencia general hacer frente a los problemas de la vida, que una mentalidad formada en la especialización, repleta de información memorizada para pasar exámenes, pero que, al final, carece de pertinencia y utilidad en la atención de los problemas de la vida.
El interés de todos para enseñar a nuestros niños y jóvenes que los problemas de la vida y del mundo nos son comunes y que, por ello, hemos de concebir nuestra existencia ligada a la de todos los demás seres vivos de la tierra y que hemos de construir y sostener una conciencia y una actitud de congruencia con nuestro destino como humanidad.
Más que centrar nuestra atención en la educación para la obtención de un empleo, sin que esto carezca de la importancia que reviste, el formar personas integrales, ha de ser antes un propósito estratégico de la familia, del estado y de la sociedad; que no nos quepa la menor duda de que una buena persona, con las virtudes humanas bien sustentadas, con los hábitos, las habilidades, las destrezas y las actitudes propias para sustentar su razón de ser, como persona integral, será capaz luego de aprender cualquier cosa que le haga falta saber; será capaz de ser un excelente empleado, dirigente o colaborador, que dará sobrada competitividad a la empresa, organismo, organización o institución para la cual trabaje o emprenda por sí mismo.
Es decir... estoy convencido que, enseñar a vivir, demanda un replanteamiento que nos convoque y nos lleve hacia la construcción de una nueva propuesta de amplio espectro social, que nos permita reformar nuestro pensamiento y nuestra educación.
Considero que sería sumamente útil que nos propusiéramos reflexionar, juntos, sobre un tema tan trascendente como lo es éste; el espacio que nos brinda
“Argumentos” puede ser un buen pretexto para ello; les dejo, junto con mi invitación y mi saludo, mi correo electrónico, con la idea de que motivemos un diálogo informado, que nos permita imaginar y generar nuevos escenarios para la educación del siglo XXI.
Profesor Joaquín Enríquez Flores
Especialidad en Política y Gestión Educativa, Profesor de educación primaria y profesor de Ciencias Biológicas.
Vicerrector Fundador Multiversidad Mundo Real Edgar Morin
www.multiversidadreal.org