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¡Alerta roja para los jóvenes!
Por Lic. Raúl Ramírez
Expreso | 17.11.2006

 

 


Y siempre soñamos con ser algo en la vida. Toda nuestra niñez, hasta poco antes de entrar a la Universidad, dedicamos nuestra mayor parte del tiempo en imaginar qué seremos cuando seamos grandes, qué futuro nos deparará, qué beneficios tendremos para nosotros mismos, pero también para nuestros padres que, con gran ilusión, nos han acompañado y guiado con sabiduría a cada segundo de nuestra existencia. Aún recuerdo querer ser bombero, policía, doctor, arquitecto, abogado, ingeniero y hasta ¡astronauta!
Cuando finalmente “la chavalada”, con todas nuestras ilusiones en la espalda, optamos por elegir una profesión y dedicamos a ella, alma, corazón, fuerza y espíritu para alcanzar la meta deseada, en el proceso nos damos cuenta que poco a poco la esperanza de triunfo y grandeza que anhelábamos empieza a desvanecerse. Lo anterior es entendible porque se debe a tres cuestiones muy simples: a) la educación universitaria es deficiente y apartada del mundo real; b) la competencia afuera es amplia y muy variada y c) la demanda laboral de profesionistas es escasa.
Cuando hemos alcanzado la edad y preparación profesional aceptable para conseguir un empleo de calidad y bien remunerado, la rápida globalización y el cambio tecnológico brindan nuevas posibilidades para realizar trabajos productivos y generar ingresos. Sin embargo, para muchos otros, estas tendencias sólo agravan la vulnerabilidad inherente a la transición entre la niñez y la edad adulta. En todo el planeta, millones de jóvenes no logran incorporarse a la fuerza de trabajo y la discriminación contra las mujeres jóvenes es especialmente persistente. La mayoría de los trabajos a los que los jóvenes pueden acceder son mal pagados y no brindan suficientes beneficios ni perspectivas de promoción.
¿Cuántas veces no hemos escuchado que el futuro o el presente son los jóvenes? ¿Cuántas veces no hemos observado la frase que dice que hay mayores oportunidades para los jóvenes? Un ejemplo de lo anterior, es el hecho de que en las grandes empresas, las trasnacionales, la industria y hasta en el sector público –siempre y cuando se trate de puestos de 4to y 5to nivel hacia abajo-, siempre vamos a encontrar a miles de jóvenes trabajando ¿saben por qué? Porque se les paga muy poco. Así de simple. Y todavía el gobierno y el sector privado se ufanan de darles muchas oportunidades. Qué bonito sería que los que recién egresen de las instituciones de educación superior, fueran requeridos por la virtud de contar con corta edad, pero principalmente por su capacidad. La realidad es otra, es requerido porque es joven y porque no se invertirá mucho dinero en él. Así es este pícaro mundo, diría nuestro queridísimo Maestro Ramón Miranda.
Y para que la “raza” esté bien enterada, quiero mostrarles los siguientes datos que son por demás interesantes: en el Estado de Sonora, impulsado por los sectores de manufactura, comercio y construcción (es decir, con palabras más crudas, en maquiladoras, “changarros” y albañilería), se superó la meta de generación de empleos para este año al alcanzar los 31 mil 922 empleos permanentes de acuerdo a cifras oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social. La meta es llegar a los 40 mil empleos al cierre del año. Me encantaría saber cuales son los salarios que se perciben y también cuántos empleos exigieron la contratación de profesionistas jóvenes.


También los “morros” deben saber otro dato más interesante aún: esta problemática no es exclusiva de nuestro País ni mucho menos de nuestro Estado, sino que es una problemática internacional. Según datos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) -que es la principal organización integrada a la flamante Red de Empleo de Jóvenes y trabaja con las Naciones Unidas y el Banco Mundial para reunir a dirigentes de la industria, representantes de los jóvenes y la sociedad civil y encargados de formular políticas a fin de estudiar enfoques originales para abordar el problema del desempleo en los jóvenes-, una de cada cinco personas en el mundo tiene entre 15 y 24 años y un 85 % de ellas vive en países en desarrollo; 66 millones de jóvenes en todo el mundo son desempleados y el número de subempleo es mayor; En el transcurso del próximo decenio, se prevé que no menos de 500 millones de jóvenes en todo el planeta, se incorporarán a la fuerza de trabajo mundial (lo que implica que se deben crear igual número -500 millones- de empleos en los próximos diez años en todo el mundo), además, aunado a lo anterior, es bueno saber que la tasa de desempleo de los jóvenes es entre dos y tres veces superior a la de los adultos; en Sudáfrica, el desempleo de los jóvenes creció del 45% al 56% entre 1995 y 2000; en más de un cuarto de los países industrializados, la tasa de desempleo de las jóvenes mujeres es un 20 % superior a la de los muchachos; en el sector informal se registra hasta el 93% de todos los puestos de trabajo disponibles para los jóvenes, los salarios en este sector son un 44% más bajos que los de la economía formal y la protección y los beneficios no existen; la cobertura de la seguridad social de los jóvenes latinoamericanos descendió del 44% en 1990 al 38% a finales de la década.

Existen tres responsables que pueden ayudar a resolver la problemática…
  1. Los jóvenes debemos darnos cuenta de la responsabilidad que implica ser un profesionista que se dice comprometido con la sociedad y, para ello, debemos ser capaces de darle un valor agregado a nuestros conocimientos y empleadores (nuestros jefes o patrones), debemos de asumir una actitud positiva y de colaboración sin límites de horarios ni de días, debemos ser proactivos y emprendedores, así de fácil: ¡hacer que las cosas sucedan!
  2. Los gobiernos locales, naciones e internacionales, deben de estar al tanto de esta cruda realidad y tomar cartas en el asunto partiendo de una reforma integral en su filosofía, panorámica, metas y objetivos, ello deberá reflejarse, claro está, en las políticas de Estado. Deben empezar por una óptima legislación (laboral, fiscal, etc.) y programas de generación de empleos de calidad.
  3. Los empleadores (jefes y patrones) deberán de visualizar al joven, como un eje promotor que impulsará y catapultará sus intereses. El sector público o privado que requiera de jóvenes, deberán de estar convencidos que el joven bien remunerado en vez de constituir una carga, es un potencial que le puede hacer ganar, ganar y ganar muchísimo más.

Hey raza: es importante tomar en cuanta lo anterior si en realidad queremos cambiar las cosas y si también queremos conseguir un buen trabajo. Si no estamos dispuestos a hacerlo, entonces sigamos soñando en un mundo mejor. ¿Prefieren contemplar a los triunfadores o ser uno de ellos?
Lic. Raúl Ramírez
Docente Guía-Acompañante de la Licenciatura en Gobierno y Políticas Públicas de la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin
Correo electrónico: ramirez@multiversidadreal.org

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