
En cuanto al entendimiento de los acontecimientos, el filósofo afirmó que los importantes siempre son inesperados, como el 11 de septiembre o la caída de la URSS, ante los cuales no logramos hacer previsiones como parte de nuestra concepción del mundo. Es una necesidad capital hacer una revisión de los ideales, fraternidad, solidaridad, pero si vemos los hechos históricos las revoluciones generan una nueva explotación. La revisión debe ser periódica, como con los servicios de los autos, además de esperarse lo inesperado.
Dijo que si creemos en un Dios caprichoso que nos trae siempre lo inesperado, ésta es una idea que debe permanecer. Además señaló la importancia de la ecología de la acción, pues ésta en cualquier ambiente escapa de su creador cambiando su sentido y totalidad. Como ejemplo está la Revolución Francesa, originada en la reacción aristocrática de recuperar las prerrogativas que tenía con Luis XIV. Cuando se convocaban los estados generales el clero y ellos se unían con la iglesia para triunfar, pero en 1789 el pueblo triunfó destruyendo los privilegios de esa casta.
Continuó con la idea de “mismas causas, mismos defectos”, comparando la crisis de 1929 en EU y Alemania, ambas naciones industrializadas, en la que los resultados fueron por una parte Rossevelt y por la otra el régimen nazi. “Igualmente está la caída del bloque soviético. Una crisis se da cuando ante la incertidumbre llega nuevas soluciones o se retoman otras en una retroalimentación positiva. En una crisis el sistema pierde capital y se produce un desarraigamiento acelerado. En Francia cuando se dio la Revolución los estados del rey hicieron la guerra a la república, se llegó a la radicalización y de ahí al terror para terminar en Napoleón. La radicalización es peligrosa, tenemos el caso de Argelia, en que en un momento se pudo llegar a una solución pacífica, pero las radicalizaciones provocaron un conflicto,
como en Palestina e Israel”.
Luego comentó: “¿Cómo se cambia la evolución? Esta es un proceso tedioso, todo empieza con una innovación, que es una desviación que se desarrolla y puede ser una gran fuerza, Jesús, Buda y Mahoma lo fueron, igualmente la ciencia moderna, iniciada en el siglo XVII, o el socialismo en el XIX. Se necesita atención a su complejidad. No sabemos qué pasará en la modernidad, y esta es un hecho-proceso iniciado en 1492 con la llegada de europeos a América, lo que trajo conquistas, guerras, pero a la vez intercambio de productos y conocimientos. En ese proceso apareció Bartolomé de las Casas que pidió el trato de iguales a los naturales, o Montaigne, cuando al referirse a los caníbales dijo que se les consideraba salvajes por comer a otros humanos, mientras en Europa se les torturaba vivos. Es una paradoja de Europa ser cuna de la peor dominación y las ideas libertadoras. Complejo, pero evidente. Ahora estamos frente a una modernidad que unifica sobre modelos occidentales, y a la vez las culturas se encierran en sus raíces étnicas, religiosas y tradicionales. Ante este proceso tenemos de nuevo el problema de la radicalización, pues puede suceder lo que en los Balcanes. La globalización nos permite disfrutar de literatura, cine y arte de otros países, pero también trae degradación y mestizaje, que forma un nuevo tipo de realidad ”.